La inteligencia artificial responsable y la inteligencia artificial ética están estrechamente relacionadas, ofreciendo cada una principios distintos pero complementarios para el desarrollo y uso de la IA. Las organizaciones exitosas no pueden tener una sin la otra, advierte TechTarget.
La IA responsable se centra en la rendición de cuentas, la transparencia y el cumplimiento de las regulaciones, mientras que la inteligencia artificial ética pone énfasis en principios morales más amplios como la equidad, la privacidad y el impacto social.
Recientemente, las discusiones sobre su importancia se han intensificado, impulsando a las organizaciones a considerar las sutilezas y beneficios de integrar ambos marcos.
La IA responsable y la ética de la IA trabajan en conjunto. Las más altas aspiraciones éticas de la IA pueden no tener sentido sin una implementación práctica; de igual manera, la IA responsable debe estar fundamentada en principios éticos claros y con propósito.
Además, las preocupaciones sobre la ética de la IA a menudo informan los marcos regulatorios a los que deben adherirse las iniciativas de IA responsable, destacando su influencia mutua.
Al combinar ambos enfoques, las organizaciones pueden construir y desplegar sistemas de IA que no solo sean legalmente sólidos, sino que también estén alineados con los valores humanos y diseñados para minimizar el daño.
La necesidad de una IA ética
La IA ética se refiere a los valores y expectativas morales que rigen el uso de la IA. Estos principios pueden evolucionar y variar: lo que es aceptable hoy podría no serlo mañana, y los estándares éticos pueden diferir según la cultura y el país.
Sin embargo, muchos principios éticos, como la equidad, la transparencia y evitar el daño, tienden a ser consistentes en diferentes regiones y a lo largo del tiempo.
Miles de organizaciones han mostrado interés en la IA ética al desarrollar marcos éticos, un primer paso importante. La IA y las tecnologías de automatización pueden alterar fundamentalmente las relaciones y dinámicas existentes entre las partes interesadas, posiblemente requiriendo una actualización del contrato social: ese acuerdo implícito sobre cómo debería funcionar la sociedad.
La IA ética guía y fomenta estas conversaciones, ayudan a delinear los contornos de un contrato social sobre la IA al establecer lo que es y no es aceptable.
Los marcos de ética de la IA a menudo actúan como un paso previo a la regulación de la IA, aunque algunas normativas están surgiendo al mismo tiempo o incluso antes de que se formalicen los marcos éticos.
Esta evolución requiere la participación de diversos actores, incluidos consumidores, ciudadanos, activistas, académicos, investigadores, empleadores, tecnólogos, legisladores y reguladores. Las dinámicas de poder existentes también pueden influir en qué voces moldean el panorama de la inteligencia artificial ética, con ciertos grupos teniendo más influencia que otros.
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